
"El amante democrata cristiano aparece en el horizonte de la mujer con el mismo fulgor con que llegan los otros amantes. Con la misma cara de poeta, la misma filosofía de solitario. Diciendo casi las mismas cosas: su mujer no le comprende, o le pega los martes, o se llevan mal, sexualmente no se entienden, o está tan ocupada con los ocho chiquillos que a él ya no le habla, no se interesa por sus cosas, la política le da lata y para él la política es muy importante...
¡Ahí!, cuando el hombre pronuncie esa frase y usted le pregunte en qué partido milita y él le diga que es democratacristiano, váyase. Termine la relación antes de que empiece. Mire la hora y dulcemente anúnciele que ya es demasiado tarde, está amaneciendo, tengo que volver a mi casa. Guarde su paquete de cigarrillos (si todavía fuma), dígale "Nos vemos otro día", con toda la ternura de que es capaz su corazón, pero sabiendo que no va a verlo, y salga a la calle.
Afuera se encontrará con un silencio gratificante, todo el mundo está dormido, de pronto pasa una moto espantando a las estrellas y luego vuelve el silencio. En lo alto de la cordillera comienza a nacer la luz y usted ya va caminando de vuelta a su casa, cantando bajito esa hermosa canción que ha vuelto a poner de moda el dúo Amanecer: rayando el sol, me despedí..
Acaba de librarse de lo que pudo ser el problema más serio de su vida."
Las diez cosas que una mujer en Chile no debe hacer jamás
Tener un amante demócratacristiano
Elizabeth Subercaseaux
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