Espejismo

"A Ana, en cambio, sé que la confundo, que su fragilidad, aunque intenta esconderla, se le escapa por los poros, incluso he descubierto que esos besos que a veces no me da no es porque no los sienta, sino porque también tiene miedo, y eso los torna aun más excitantes. Con ella me siento bien, y sin darme cuenta va despejando esa espesa estela de soledad que me golpea violentamente cuando en noches como esta intento ser racional y sacarla de mi cabeza. La otra noche, desnudos en mi cama, me preguntó si creía en la magia y casi con sarcasmo le dije que esas eran tonterías de adolescentes. Entonces sus ojos me conquistaron definitivamente, con esa mirada de vulnerabilidad que me marcó el alma: "Pobrecito, no quieres comprometer ningún sentimiento en una relación, ¡qué soledad debe haber en tu vida!", y luego añadió: "todos tenemos miedo, nos confundimos y nos complicamos más allá de la cuenta, pero nunca sabremos si la intensidad era la correcta, si no nos atrevemos a arriesgarnos". Y una vez más me sentí un idiota. Ella también se fue.
No fui capaz de decirle que se quedara, que durante estas semanas ella me había hecho sentirme mejor que mil sesiones con mi psicóloga. Que todo este mundo perfecto no era más que un espejismo, que mi miedo es tan fuerte como el de ella, aunque yo ya he olvidado cómo explicarlo."
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