Dogma

Los dos son santos. Los dos me quieren. Tiago porque me conoce mejor que nadie, porque es tarde para que tengamos secretos, porque así se dieron las cosas. Paulo porque soy la novedad, porque quiere descubrirme, porque así se van dando las cosas. A Tiago lo quiero mucho, a veces más que a mi misma y dudo si realmente podría vivir sin él. Hasta hace poco estaba convencida que podría quererlo tal como es, con sus días grises de injustos y sus terremotos de bipolaridades, que nuestra vida conjunta estaba resuelta de aquí hasta el último de los días. Paulo siempre estuvo ahí, provocándome sonrisas desde lejos sin contribuir a la realidad bastante consolidada de un viejo matrimonio que Tiago y yo al final de las cuentas somos. Pero ahora que Paulo se vino, por que el tiempo que estuvo, se las jugó por mí y nada parece tener mucho sentido sin él.
Con Tiago ya no sé donde se pasa metido, si se quedó atrás o camina muy rápido, rara vez que lo alcanzo. Lo peor es que siento que se puso políticamente correcto. El Tiago de ahora tiene un rico olor a árboles y flores y para intoxicarse, lo veo bajando por plaza Italia. Se supone que habíamos encontrado un equilibrio, que teníamos un deal pero la verdad es que Tiago ya no me llena, no como antes. Es fome con él y lo sabe, con Tiago no hace falta decírselo, desde que sus calles se me hacen eternas, se ha dado cuenta que quiero dejarlo, aunque sea por un tiempo. Tiago es inteligente, tiene las cosas claras, nunca va entrar a competir con Paulo ni tendría por donde. Me dice que puedo volver, que siempre me va estar esperando, que todo va ser igual que antes, no me va reprochar por haberlo abandonado justo ahora que estamos "casi" bien. Sus palabras me tranquilizan tanto como me deprimen, es precisamente lo que no quiero, no quiero volver donde Tiago para que todo siga igual.
Yo extraño mucho al Tiago de antes, cuando éramos chicos, cuando sus inviernos eran inviernos y sus veranos eran veranos, cuando la vida era light y tan intensa a la vez. Con Paulo es fácil y duro a la vez porque me he enamorado de él, de las pequeñas cosas que tienen que ver con él y que me hacen feliz y porque son más las que ignoro, que no pregunto porque no me nace. Tiago insiste que tengo que saber en que me estoy metiendo, se pone tan paternal a veces, que no vaya pasarlo mal pero luego se queda callado, no le conviene, sabe que si no es Paulo, otro santo responderá a mis oraciones. Y yo le digo que no se preocupe, que quizás Paulo no sea un santo de verdad, como Tiago tampoco lo es, quizás no me quiera con ese amor incondicional que Tiago siente por mí pero que tengo que intentarlo, sentir que todavía puedo vivir sin Tiago, que yo puedo, aunque sea por un tiempo, que si lo nuestro es tan fuerte, mas temprano que tarde vamos a volver a estar juntos.
Tiago ha sido lejos la mejor escuela que podría haber tenido, me enseñó todo lo que necesitaba saber y es con las mismas herramientas que me entregó que pretendo irme. Tiago, como un buen santo, me va proteger desde la distancia, nunca me va dejar fuera de sus bendiciones ni tirarme piedras por traicionarlo. De Paulo no puedo esperar mucho, entre santos uno nunca sabe si va correr la misma suerte dos veces, Tiago no dice nada pero en silencio lo da por hecho que a la semana me va encontrar de vuelta tocando a su puerta. Ambos sabemos que por ahora no puedo vivir lejos de Paulo, no hasta que me descubra de verdad y yo lo descubra a él, así como Tiago y yo también lo hicimos en su momento. A los dos de mis santos solo les pido que me tengan un poco de fe, así como yo nunca voy a dejar de creer en ellos.
Con Tiago ya no sé donde se pasa metido, si se quedó atrás o camina muy rápido, rara vez que lo alcanzo. Lo peor es que siento que se puso políticamente correcto. El Tiago de ahora tiene un rico olor a árboles y flores y para intoxicarse, lo veo bajando por plaza Italia. Se supone que habíamos encontrado un equilibrio, que teníamos un deal pero la verdad es que Tiago ya no me llena, no como antes. Es fome con él y lo sabe, con Tiago no hace falta decírselo, desde que sus calles se me hacen eternas, se ha dado cuenta que quiero dejarlo, aunque sea por un tiempo. Tiago es inteligente, tiene las cosas claras, nunca va entrar a competir con Paulo ni tendría por donde. Me dice que puedo volver, que siempre me va estar esperando, que todo va ser igual que antes, no me va reprochar por haberlo abandonado justo ahora que estamos "casi" bien. Sus palabras me tranquilizan tanto como me deprimen, es precisamente lo que no quiero, no quiero volver donde Tiago para que todo siga igual.
Yo extraño mucho al Tiago de antes, cuando éramos chicos, cuando sus inviernos eran inviernos y sus veranos eran veranos, cuando la vida era light y tan intensa a la vez. Con Paulo es fácil y duro a la vez porque me he enamorado de él, de las pequeñas cosas que tienen que ver con él y que me hacen feliz y porque son más las que ignoro, que no pregunto porque no me nace. Tiago insiste que tengo que saber en que me estoy metiendo, se pone tan paternal a veces, que no vaya pasarlo mal pero luego se queda callado, no le conviene, sabe que si no es Paulo, otro santo responderá a mis oraciones. Y yo le digo que no se preocupe, que quizás Paulo no sea un santo de verdad, como Tiago tampoco lo es, quizás no me quiera con ese amor incondicional que Tiago siente por mí pero que tengo que intentarlo, sentir que todavía puedo vivir sin Tiago, que yo puedo, aunque sea por un tiempo, que si lo nuestro es tan fuerte, mas temprano que tarde vamos a volver a estar juntos.
Tiago ha sido lejos la mejor escuela que podría haber tenido, me enseñó todo lo que necesitaba saber y es con las mismas herramientas que me entregó que pretendo irme. Tiago, como un buen santo, me va proteger desde la distancia, nunca me va dejar fuera de sus bendiciones ni tirarme piedras por traicionarlo. De Paulo no puedo esperar mucho, entre santos uno nunca sabe si va correr la misma suerte dos veces, Tiago no dice nada pero en silencio lo da por hecho que a la semana me va encontrar de vuelta tocando a su puerta. Ambos sabemos que por ahora no puedo vivir lejos de Paulo, no hasta que me descubra de verdad y yo lo descubra a él, así como Tiago y yo también lo hicimos en su momento. A los dos de mis santos solo les pido que me tengan un poco de fe, así como yo nunca voy a dejar de creer en ellos.



7 Comments:
At 2:11 a. m.,
Cofradia de la luna said…
Demasiados santos para querer ir tras un pecado prefiero seguir siendo un demonio en recreo.
At 12:32 p. m.,
David said…
Unas velas siempre ayudan a dar un poco más de luz a esa fe que no conviene perder.
At 7:58 p. m.,
Anónimo said…
Lo que uno siente por una ciudad (y por sus personas) es uno de los amores mas fuertes que nos toca vivir.
Te felicito, un beso.
At 3:50 p. m.,
Anónimo said…
Las bipolaridades de la vida...si al final es cuestión de fe, en ellos o en tí, todos somos santos.
Yo voto por seguir creyendo, como es mi costumbre.
At 9:12 a. m.,
Anónimo said…
Paulo es el nuevo aire que quizás por ahora te haga falta. Por otra parte sabes con Tiago podrás volver cada vez que lo quieras. El tema es que te acuerdes de pasar a ver a la Asunción, para que hables con ella y no se ponga celosa.
Cariños,
At 10:20 p. m.,
Anónimo said…
Todos nosotros somos tu Santiago y a todos nos gustaría ser tu Sao Paulo.
Haz lo que tienes que hacer.
Te espero.
At 11:37 a. m.,
Anónimo said…
Cuántas vueltas daremos? A lo mejor se nos va la vida entre tanta vuelta.
El miedo puede ser mucho mas fuerte.
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