Las vueltas de la vida

Cuentos dedicados a mis gurus y a todas las Olgas que velan por la protección de sus intimidades, a mi grupo de mascara de pepino, a pasajeros y pastelazos en transito y a todos ustedes que me mantienen despierta fuera del horario de atención.

lunes, enero 15, 2007

Pasillo


Claro que me era cara conocida, era uno de esos personajes que circulan por las calles de mi barrio, de esos que pasan piola entre el carrito del anticristo y el cantante patinador y que cada cierto tiempo después de veranear en el siquiátrico, vuelven a nuestra ciudadela folklórica. No sabía como se llamaba ni a que se dedicaba y tampoco me interesaba saberlo, recién me enteré que ha escrito tres libros pero también me dijeron que era arquitecto. O sea, simplemente “otro loco mas” como diría don Salvador, mi fiel proveedor de puchos de Monjitas con Mosqueto.

No fue hasta el sábado pasado que lo encontramos en el pasillo del séptimo piso de un edificio vecino a las dos en la mañana con una escoba en la mano barriendo vidrio roto a pata pelada que su existencia entró a mi banco de curiosidades varias. “Tu que viviste en la India”, me dijo, “deberías saber que el sufrimiento es el mayor placer en la vida” mientras pisaba el vidrio con ganas. No sé si fue su comentario o la despreocupación de su cara que mas me preocupó. “Tu con tus ojos verdes que me enseñaste a volar con la escoba cuando yo nací”, continuó, “ahora la estoy usando”.

Me senté en la entrada, lejos del vidrio roto a mirar a mi amigo que con la misma pasión que me había besado unos minutos atrás en el ascensor ahora se interesaba por las patologías alejadas. Como siempre en la vida, el beso nunca es el clímax y de la nada llegó el slow motion, de esos momentos de “esto no esta pasando” cuando el loco escritor arquitecto volador de escoba (¿y cómo chucha sabía que yo viví en la India?) se bajó el pantalón y se sacó su polera negra de The Clinic y en pelota comenzó a lanzar vidrio hacía nosotros.

“Se le murió la mamá hace una semana”, me explicaron cuando cerramos la puerta. “El otro día me prestó gas”, me comentó su vecino, “anda a la biblioteca, ahí están sus libros”, me dijo mi amigo literario. A su polera se la llevó mi amiga y yo la verdad que solo pensaba en como cruzar el pasillo y volver al ascensor.

4 Comments:

  • At 9:48 a. m., Blogger Pasador de Libros said…

    Parece que la fiesttita del sábado nos marcó a todos...
    y el capítulo de los ventanales de la vereda del frente?

     
  • At 3:36 p. m., Anonymous Anónimo said…

    "....Falta un personaje; que sin duda puede marcar un antes y un despues. De vuelta de comprar cigarrillos bajaba un tipo de un taxi; entro con nosotros
    en el ascensor y se bajo en el septimo piso al igual que nosotros, entro al departamento vecino; y a los minutos, escuché los vidrios, el relato de lo sucedido en el pasillo; y asi me converti en testigo de esta extraña historia.

    La polera decia "Power to the people"; solo algunos reconocimos quien era verdaderamente aquel extraño vecino".

     
  • At 7:00 a. m., Anonymous Anónimo said…

    Preciosos vidrios en el suelo.. para algunos solo vasos rotos, para otros la oportunidad de conocerse

     
  • At 8:29 p. m., Anonymous Anónimo said…

    Iba a decir que es el mejor cuento que has escrito pero al parecer.. esto es de verdad!! Invitame para la proxima y felicitaciones, un gusto leerte.

     

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