Castillo

Ladrillo por ladrillo construí mi castillo. Era un castillo alto que llegaba hasta las nubes, hecho de los ladrillos rojos que guardaba desde hace años. Mi castillo era un castillo firme, casi majestuoso, como escuché de decir. Un castillo que lo construí para habitarme en ello, para protegerme del viento y de la lluvia. No tenía puertas ni ventanas, en el día el sol iluminaba por el techo y en las noches las rayas de las estrellas hacían juego con las sombras del piso.
Eran pocos que llegaban a mi castillo, algunos sacaban fotos y se iban. Desde el techo los miraba y pensaba en invitarlos para bailar con las rayas de estrellas pero no había una puerta para recibirlos ni ventana para asomarse. Solo había un ladrillo suelto pero no llegaron a fijarse en ello.
Eran pocos que llegaban a mi castillo, algunos sacaban fotos y se iban. Desde el techo los miraba y pensaba en invitarlos para bailar con las rayas de estrellas pero no había una puerta para recibirlos ni ventana para asomarse. Solo había un ladrillo suelto pero no llegaron a fijarse en ello.
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