Dirección

La dirección la guardé en mi bolsillo, en el bolsillo de mi viejo abrigo, de ese abrigo que me regalaron hace seis agostos atrás. Quizás se me cayó al sacar los guantes, esos guantes azules que me prestaron el otro día a la salida de un cumpleaños, esos guantes que no pienso devolver. Quizás fue en el único bar abierto que hubo en el camino, o en el nuevo que pillamos después que se cerró el primero, o quizás la perdí cuando me topé con un desconocido, o en el taxi que paré en esa madrugada. No lo sé, se me perdió la dirección, terminé yendo por la calle paralela, y no había esquina donde doblar. Con los guantes en las manos, y con las manos en los bolsillos, me bajé solo para perderme más. Al brillo de tus ojos lo encontré en otro, y ya no supe como llegar a ti.



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