Puerta

Aquella noche cuando él escuchó el timbre de su puerta, no esperaba a nadie pero de costumbre, siempre esperaba a alguien. Ella solía confundirse en ascensores, llegando a pisos equivocados y tocando a puertas desconocidas. La segunda vez que sucedió, la invitó a pasar. Cada vez las visitas se hacían mas largas, y al haber pasado unas cuentas décadas desde aquella noche, ambos ya se habían olvidado de que no era ella a quien él esperaba, y que ella aún tocaba a otras puertas.



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