Plato

Esa primera vez que se vieron en el restaurante de la vuelta, él no sabía que ella ya lo había esperado como él esperaba que lo esperaran. Él no sabía que ella ya lo había amado, como a él le hubiese gustado que lo amaran, que ya hubiese llorado por él a escondidas. No sabía que ella ya se había acostumbrado tanto a su ausencia como a su presencia, que ya se había derretido ante sus disculpas, aún cuando él no tenía todavía nada que disculparse.
No sabía que juntos habían recorrido el mundo, que ella había tomado aviones para alejarse de él, como a él le hubiese gustado que se alejara. Ya lo había rechazado y también lo había aceptado. No sabía que ella había mentido por él y que lo había defendido como a él le hubiese gustado que lo defendieran. Lo había besado con amargura y dulzura, le había hecho el amor y lo había follado, como le hubiese gustado que lo follen.
Ya lo había engañado y por él había renunciado amigos y dioses. Tampoco sabía que ella lo había pelado con los suyos ni que lo hubiese extrañado como a él le gustaba que lo extrañaran. Sin saberlo, al pedir el bajativo, ella ya se había olvidado de él, como a él le hubiese gustado que lo olviden.



3 Comments:
At 10:56 a. m.,
Ps. Federico Viertel Arze said…
Gran sorpresa esta. Tu lado sensible??
At 3:56 p. m.,
Pasador de Libros said…
Mi amiga de la biblioteca, amiga de Baily, de Corbacho. Amante del cine brasileño.
Tú que le das consejo a los viejos rayados.
Espero que vengas a ponerle color a estos días grises, de nubes y bombas lacrimógenas, que tienen a esta biblioteca como un dinosaurio dormido.
At 5:00 p. m.,
Anónimo said…
Entiendo. Oskar Möe
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