Tesoro

Tenía un tesoro, un objeto precioso, mi gran orgullo que me llenaba el alma con solo mirarlo. Lo tenia puesto en pedestal en el centro de la casa, en un pedestal alto que casi llegaba al techo. Podría pasar horas adorándolo por su belleza, admirándolo por las miles de historias que me imaginaba que tenía para contar. Pasaba días enteros mirándolo, sacándole el brillo, cuidándolo. Cuando llegaban las visitas, rápidamente lo cubría con un paño de terciopelo, no quería nadie supiera de lo que yo tenia en mi posesión.
Nunca supe como fue que empezaron a llegar los tasadores. No se cansaban de repetir cifras por teléfono, me llenaban la entrada de mi casa con tarjetas de felicitaciones, hacían fila para recordarme en unísono de lo afortunado que me consideraban. Por supuesto que no faltaban aquellas malas lenguas que insistían que era falso, metiendo ideas en mi cabeza, que nunca se sabía bien con estas cosas, que era mejor vender antes que perdería su valor.
La incertidumbre me dejo encerrado en mi casa, preocupándome que siempre estuviese ahí, yaciendo en su majestuoso pedestal. Juraba que nadie me lo quitaría, no podría admitir que quizás era verdad, quizás solo tenia valor para mí, que quizás no era más que un objeto común y corriente. En mis ojos era especial, un verdadero tesoro pero había una voz que se hacia cada vez mas fuerte. Las felicitaciones me consolaban a ratos pero no podía evitarlo, algo había cambiado.
Pasaban semanas, un mes y la capa de polvo crecía, el terciopelo que lo cubría se ponía gris. Al segundo mes, me tenía sin cuidado, no podía negar que no sentía su presencia pero ya no ocupaba mi tiempo. Luchaba con la idea de bajarlo, la verdad que ocupaba mucho espacio y tampoco un pedestal le hacia juego a mi feng shui. No podría dejar de pensar en todo ese tiempo que me había acompañado, en el orgullo que había sentido en tenerlo, en la envidia de muchos.
No fue un temblor y menos un terremoto que me hizo renunciar a mi tesoro. Fue un día en la mañana cuando apenas me había despertado que lo baje de su pedestal y dirigí al basurero. No podía negar que no me hacia falta de repente, a veces arrepentía de haberme deshecho de ello, ya no tenia a que admirar. A veces me preguntaba que había sido de ello, si había llegado a manos de alguien que lo miraría con los mismos ojos que yo lo había mirado.
Pasó el tiempo y se me había olvidado el tesoro precioso que una vez fue mío. Al mirar al jardín de mi vecina un día me di cuenta de que ella lo había puesto ahí, junto a sus plantas que tanto las quería. No estaba puesto en un pedestal ni tenia ese brillo que alguna vez me había cautivado. Ahí estaba, en la entrada del jardín de mi vecina quien no se dudaba en ponerlo a la luz.
Pasó el tiempo y se me había olvidado el tesoro precioso que una vez fue mío. Al mirar al jardín de mi vecina un día me di cuenta de que ella lo había puesto ahí, junto a sus plantas que tanto las quería. No estaba puesto en un pedestal ni tenia ese brillo que alguna vez me había cautivado. Ahí estaba, en la entrada del jardín de mi vecina quien no se dudaba en ponerlo a la luz.
Etiquetas: Mr. Big



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