Enganche

Uno no espera al principe azul en su caballo blanco ni pasa pensando en el beshert fuera del shul y menos se fija si es un buen partido o no. Uno se enamora de la sensación de estar enamorado, de la sonrisa liviana que no cambiaría por nada en el mundo, de andar en nubes en el peor taco de la Santa María. Uno no elige si es la polola regia del mejor amigo de la infancia o el chofer del bus escolar de los hijos o el medio pariente que llega a la reunión familiar sin la esposa. Solo sabe que la fruta prohibida siempre, siempre sabe mejor. No piensa si luce bien en zunga o si tiene espinillas o duerme con la polera de Che Guevara o tiene muchas canas o si es un loco de patio o tiene mal aliento, si se viste de la banda opuesta o tiene fama de suelto, si a la mamá le va gustar o que dirán los conserjes. No le hace caso a nadie, no le importan los detalles ni si nació después del plebiscito o si esta inscrita o snip snip y menos se fija en un futuro o si es que hay uno. Uno simplemente se enamora, sin poder descartar con quien se engancha.
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1 Comments:
At 4:59 p. m.,
Siempre said…
es verdá¡¡¡
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