Brillo

Llegó la luz de la primavera pero no encontró rastros de vida, con su fuerte brillo examinaba a los rincones pero no encontró al lugar llamado hogar. Paseó por las salas y los pasillos, revisó a los cajones y hojeó a los diarios ya amarillos. Se sentó en una silla de tres patas, en el único mueble que quedaba, observando a la casa vacía donde ya no habitaba más que polvo. El resto había sido guardado cuidadosamente en la sombra invernal de una puerta cerrada que su brillo no logró a penetrar.



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